miércoles, 29 de diciembre de 2010

En un beso, sabrás todo lo que he callado (Pablo Neruda)


Nos vamos a vivir juntos, ya está decidido. La casa es perfecta, al menos así a simple vista. Haz las maletas, que nos vamos. Es probable que más de uno no lo entienda, pero qué más da. A la mierda las reglas. ¿Te apetece? Me apetece, lo hacemos. Y luego que hablen y nos rajen por la espalda, que tendrán una perspectiva perfecta del lugar donde les voy a mandar.
Mucho me temo que en casa no caben más personas. Y de puertas nada, está todo perfectamente distribuido sin ninguna pared. Para que podamos vernos siempre, sin escondernos el uno del otro, sin secretos. Si alguna vez lo creemos necesario podemos hacer una habitación pequeñita donde meter las cosas que no nos gusta tener por medio, ya sabes, esas cosas que estorban, que nos hacen tropezar y caernos. Esas cosas que es mejor tener guardadas, que no escondidas que es diferente, pero bueno, lo veremos sobre la marcha. Porque es lo que tiene inaugurar casas, que al principio todo es perfecto y con el tiempo vas echando en falta algunas cosas… Pero no tenemos por qué hablar de eso ahora, ¿verdad?. Y mucho menos en nuestros primeros días de convivencia.
Bueno, y no tengas prisa por decirle a la gente dónde nos hemos ido a vivir. Ya lo irán descubriendo a su debido tiempo. Que ya sabes que luego todo son preguntas. Que si la casa es lo suficientemente bonita, que si no nos gusta más otro tipo de vivienda, que si no está un poco alejada de la ciudad, que si qué desperfectos tiene, que por qué no nos metemos en obras antes de irnos a vivir juntos, que si estamos seguros de que queremos hacerlo, que si tú has vivido en otras casas antes… Ya sabes cómo es la gente cariño, les encanta hablar. Es mejor que no nos dejemos influir demasiado por terceros.
Y por lo demás… Pintaremos sobre el lienzo, a ver qué cuadro creamos. De momento de alquiler, y ya veremos si compramos. Vente, que sólo hay una forma de firmar este contrato, y… nos llevará un rato.  


Naiara

domingo, 26 de diciembre de 2010

Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años. (Abraham Lincoln)

Los años han hecho que comprenda las cosas que los días no podían explicarme. Me ha hecho falta la distancia de mil adioses y una imagen que odiar. No me malinterpretes, no fue la tuya. De hecho nunca he conseguido echarte tierra por encima para acallar todas tus virtudes, que revoloteaban todas ellas detrás de mí recordándome lo que nunca sería mío. No era tu imagen la que odié. Fue la mía propia. Esa ensalada con piernas que daba de todo menos pasos. Ese revoltijo de emociones contradictorias. Esa mezcla de locura, ingenuidad, esperanza e inocencia que llevaba mi nombre, y que descubrí de repente caminando de vuelta a casa una mañana de verano sin avisar. 
Que grande me vino y que grande el espacio que ha dejado. Cuántos cambios han ocurrido desde que te conocí. A penas reconozco a la persona que me mira en el espejo. Pero no estoy aquí para hablarte de eso hoy. Aprovecho la ausencia de lo sentido para apearme un momento en el tiempo y retroceder. Retrocederte. Y llegar a esos días, los nuestros. Creo que fuimos invencibles durante un breve espacio de tiempo. Teníamos más fuerza que la que muchas personas llegan a conocer. Caminábamos con dudas, pero con paso firme. Dábamos un paso hacia atrás y seis hacia delante, porque juntos no había quién nos parase. Sonreíamos, reíamos, jugábamos, soñábamos, luchábamos. Y eso nos hizo grandes. Enormes. Después me imagino que hubo una tormenta eléctrica en varias zonas de tu cabeza. Puede que en varias también de la mía. De pronto todo se hizo oscuro, negro, pedregoso, doloroso, escabroso, difícil, insufrible y poderoso. Llovía a cántaros y no hubo ni un día de sol. Y mis emociones de repente se asustaron y corrían despampanantes por todo mi cuerpo trastornando a la propietaria. Aquí es cuando descubrí que no se sabe cuánto está dispuesto uno a hacer por amor. Me vi perdida, sola, y lo peor, no entendía por qué. Y recorría el calendario mirando un momento en que algo hubiera fallado. Nunca lo encontré. Empecé por echarme tierra en los pies y acabé excavando para poder salir de mi propia tumba. Y me ha hecho falta la larga distancia de dos años para descubrirme viva aquí hoy. Me sorprende la fuerza que podemos llegar a tener los seres humanos ante las adversidades. Después de este tiempo he sobrevivido a todo lo anterior. Y me descubro queriéndote decir las cosas que los años me han enseñado. 
Para empezar que fuiste mi antes y mi después. Encontraste a una persona que creía saber todo lo necesario para seguir, una persona que ya había sobrevivido a algún que otro cambio emocional, pero que aún guardaba en secreto la ilusión. Una persona que todavía estaba dispuesta a entregártelo todo. Que se sentía preparada para querer y ser correspondida. Me temo que esa persona ha ido desapareciendo a lo largo de este tiempo. Si encontraste un corazón de hielo, con tus propias manos lo transformaste en hierro. Demasiado roto como para poder romperlo.  Demasiado herido como para que alguien pueda curarlo. En segundo lugar que es necesaria la distancia para poder observar las cosas desde fuera. Imprescindible el tiempo. Y necesarias las lágrimas. En tercero, que no hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no quiere escuchar, que las cosas no suceden de la noche a la mañana y que no hay fuego que no queme, ni que no convierta en cenizas lo prendido. Que las ilusiones se esfuman, que de amor no muere nadie, que el amor tarde o temprano desaparece, que la paciencia es la madre de todas las ciencias. 
Y por último, que no tiene sentido vivir una vida sin haber amado de la manera en que te amé. Que la vida no vale la pena si alguien, alguna vez, no te hace romper uno a uno con tus principios, franquear la barrera de lo imposible, comerte de dos en dos tus yo nunca. Perder el sentido del tiempo y sentir que no hay oxígeno que consiga llenarte el pecho. Así que, pese a todo, es de bien nacido ser agradecido. 
Nunca se termina de aprender en esta vida, aún así hoy, por suerte o por desgracia, ya no hay nada que tú puedas enseñarme.




Mis mejores deseos para este 2011.
Un abrazo


Naiara

jueves, 23 de diciembre de 2010

Otro año más.

A medida que los años pasan vas dándote cuenta que las cosas no son como uno creía. Y cada vez crees en menos cosas, si es que aún conservas alguna creencia.
Vas viendo que tu grupo de amigos cada vez cuenta con menos miembros, y que al final, sólo te hacen falta algunos dedos para contarlos a todos. Te das cuenta de que los ideales con los que marcabas tu vida en un pasado, ahora no son más que modas o situaciones que para nada tienen que ver contigo.
Algunas de las personas que creías esenciales, ya ni siquiera forma parte de tu vida y, sin embargo otras con las que jamás pensaste llegar a tener ninguna conexión, son ahora tu máximo apoyo. Hay personas con las que pasaste años día tras día, de las que no recuerdas a penas nada, y sin embargo hay otras, que pasan velozmente por tu vida y de las que guardas muchísimos momentos.
Heriste a quien querías e hiciste feliz a quien no te merecía. Te hicieron daño cuando amaste y te adoraron cuando infravaloraste. Ya no te parecen tan descabellados los castigos que te imponía tu madre, y hasta llegas a entender por qué lo hacía. Las cosas que ayer te parecían inamovibles e inalterables, han acabado amoldándose a situaciones excepcionales y personales.
Has vivido cosas que creías que jamás vivirías y has pasado por alto algunas que siempre deseaste vivir. Has reído hasta acabar llorando, y has llorado hasta acabar durmiéndote. Has conseguido muchas de las metas que te propusiste, pero también has cambiado muchas de ellas e ignorado otras tantas. Has ganado muchas veces sin quererlo, y has perdido peleando con todas tus fuerzas. Has olvidado cuando juraste que nunca lo harías, y has recordado cuando juraste que olvidarías. Has odiado hasta llegar a romperte y has amado hasta llegar a dolerte. Te has sentido el ser más feliz de la tierra, y también el único ser del mundo.
Has visto cómo los minutos se convertían en horas, y cómo las horas en segundos. Has volado sin tener alas y has saltado muchas veces sin paracaídas. Estás aquí hoy, y quién sabe dónde estarás mañana. Ni siquiera sabes cuándo llegarás a conocerte a ti mismo, si es que lo consigues.
Todos los días te haces alguna pregunta con la esperanza de que algún día sea contestada, sin saber si será así. Esa es justo la esencia de la vida, la esperanza de ir dando respuesta a todas las preguntas que nos hicimos alguna vez. De dar existencia a todos nuestros pensamientos y proyectos. De no saber qué pasará… De que pase.
No dejes que pase ni un segundo más. Es hora de actuar. Porque a medida que pasan los años, cada vez, quedan menos años por pasar. 


FELIZ NAVIDAD


Naiara