Los años han hecho que comprenda las cosas que los días no podían explicarme. Me ha hecho falta la distancia de mil adioses y una imagen que odiar. No me malinterpretes, no fue la tuya. De hecho nunca he conseguido echarte tierra por encima para acallar todas tus virtudes, que revoloteaban todas ellas detrás de mí recordándome lo que nunca sería mío. No era tu imagen la que odié. Fue la mía propia. Esa ensalada con piernas que daba de todo menos pasos. Ese revoltijo de emociones contradictorias. Esa mezcla de locura, ingenuidad, esperanza e inocencia que llevaba mi nombre, y que descubrí de repente caminando de vuelta a casa una mañana de verano sin avisar.
Que grande me vino y que grande el espacio que ha dejado. Cuántos cambios han ocurrido desde que te conocí. A penas reconozco a la persona que me mira en el espejo. Pero no estoy aquí para hablarte de eso hoy. Aprovecho la ausencia de lo sentido para apearme un momento en el tiempo y retroceder. Retrocederte. Y llegar a esos días, los nuestros. Creo que fuimos invencibles durante un breve espacio de tiempo. Teníamos más fuerza que la que muchas personas llegan a conocer. Caminábamos con dudas, pero con paso firme. Dábamos un paso hacia atrás y seis hacia delante, porque juntos no había quién nos parase. Sonreíamos, reíamos, jugábamos, soñábamos, luchábamos. Y eso nos hizo grandes. Enormes. Después me imagino que hubo una tormenta eléctrica en varias zonas de tu cabeza. Puede que en varias también de la mía. De pronto todo se hizo oscuro, negro, pedregoso, doloroso, escabroso, difícil, insufrible y poderoso. Llovía a cántaros y no hubo ni un día de sol. Y mis emociones de repente se asustaron y corrían despampanantes por todo mi cuerpo trastornando a la propietaria. Aquí es cuando descubrí que no se sabe cuánto está dispuesto uno a hacer por amor. Me vi perdida, sola, y lo peor, no entendía por qué. Y recorría el calendario mirando un momento en que algo hubiera fallado. Nunca lo encontré. Empecé por echarme tierra en los pies y acabé excavando para poder salir de mi propia tumba. Y me ha hecho falta la larga distancia de dos años para descubrirme viva aquí hoy. Me sorprende la fuerza que podemos llegar a tener los seres humanos ante las adversidades. Después de este tiempo he sobrevivido a todo lo anterior. Y me descubro queriéndote decir las cosas que los años me han enseñado.
Para empezar que fuiste mi antes y mi después. Encontraste a una persona que creía saber todo lo necesario para seguir, una persona que ya había sobrevivido a algún que otro cambio emocional, pero que aún guardaba en secreto la ilusión. Una persona que todavía estaba dispuesta a entregártelo todo. Que se sentía preparada para querer y ser correspondida. Me temo que esa persona ha ido desapareciendo a lo largo de este tiempo. Si encontraste un corazón de hielo, con tus propias manos lo transformaste en hierro. Demasiado roto como para poder romperlo. Demasiado herido como para que alguien pueda curarlo. En segundo lugar que es necesaria la distancia para poder observar las cosas desde fuera. Imprescindible el tiempo. Y necesarias las lágrimas. En tercero, que no hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no quiere escuchar, que las cosas no suceden de la noche a la mañana y que no hay fuego que no queme, ni que no convierta en cenizas lo prendido. Que las ilusiones se esfuman, que de amor no muere nadie, que el amor tarde o temprano desaparece, que la paciencia es la madre de todas las ciencias.
Y por último, que no tiene sentido vivir una vida sin haber amado de la manera en que te amé. Que la vida no vale la pena si alguien, alguna vez, no te hace romper uno a uno con tus principios, franquear la barrera de lo imposible, comerte de dos en dos tus yo nunca. Perder el sentido del tiempo y sentir que no hay oxígeno que consiga llenarte el pecho. Así que, pese a todo, es de bien nacido ser agradecido.
Nunca se termina de aprender en esta vida, aún así hoy, por suerte o por desgracia, ya no hay nada que tú puedas enseñarme.
Mis mejores deseos para este 2011.
Un abrazo
Naiara
No hay comentarios:
Publicar un comentario