Un viaje astral les deja en un lugar que conocen.
Presencian un dejà vu. Todo es igual y diferente. Llora y él se asusta; en el
fondo las cosas no han cambiado tanto. Ríe y él anima; probablemente no. Ya no
abraza lo suficientemente fuerte. Nada sabe como antes. Tienen su presente
flotando en el pasado. Esa cuerda ya no aprieta pero sí ahoga.
No podía dejar de memorizarlo. Lo abstraía
particularmente, individualmente, fragmentándolo para profundizar en sus
múltiples simplicidades. Dejando entrever las evidencias. Dejándose fascinar
por su claridad, su luminosidad. Él la recordaba y ella lo imaginaba. Él
predecía y ella reprochaba. Demasiada información sin dosificar. Difícil retenerla.
“Ya nunca estará bien. Ya nunca podrá estar bien” .
Aún así, nadie roba lo que le es regalado y nadie pide perdón sin cometer
pecado. No paraba de fumar y hablaba demasiado. Temas cambiantes haciendo
circunferencias en un tema constante. Y hoy no se mantienen distantes. Hoy
quieren ser quienes eran antes. Y si la vida es un juego, ellos unos jugadores.
Pero no hay apuestas sin ver las cartas esta vez. Y sólo tienen que mirarse
para decidir las cantidades, tal vez no con los ojos que llevan hoy, tal vez
con una mirada que perdieron por el camino, o tal vez, deseándolo desde el
fondo de su corazón, con una mirada que aún está por llegar.