Nos vamos a vivir juntos, ya está decidido. La casa es perfecta, al menos así a simple vista. Haz las maletas, que nos vamos. Es probable que más de uno no lo entienda, pero qué más da. A la mierda las reglas. ¿Te apetece? Me apetece, lo hacemos. Y luego que hablen y nos rajen por la espalda, que tendrán una perspectiva perfecta del lugar donde les voy a mandar.
Mucho me temo que en casa no caben más personas. Y de puertas nada, está todo perfectamente distribuido sin ninguna pared. Para que podamos vernos siempre, sin escondernos el uno del otro, sin secretos. Si alguna vez lo creemos necesario podemos hacer una habitación pequeñita donde meter las cosas que no nos gusta tener por medio, ya sabes, esas cosas que estorban, que nos hacen tropezar y caernos. Esas cosas que es mejor tener guardadas, que no escondidas que es diferente, pero bueno, lo veremos sobre la marcha. Porque es lo que tiene inaugurar casas, que al principio todo es perfecto y con el tiempo vas echando en falta algunas cosas… Pero no tenemos por qué hablar de eso ahora, ¿verdad?. Y mucho menos en nuestros primeros días de convivencia.
Bueno, y no tengas prisa por decirle a la gente dónde nos hemos ido a vivir. Ya lo irán descubriendo a su debido tiempo. Que ya sabes que luego todo son preguntas. Que si la casa es lo suficientemente bonita, que si no nos gusta más otro tipo de vivienda, que si no está un poco alejada de la ciudad, que si qué desperfectos tiene, que por qué no nos metemos en obras antes de irnos a vivir juntos, que si estamos seguros de que queremos hacerlo, que si tú has vivido en otras casas antes… Ya sabes cómo es la gente cariño, les encanta hablar. Es mejor que no nos dejemos influir demasiado por terceros.
Y por lo demás… Pintaremos sobre el lienzo, a ver qué cuadro creamos. De momento de alquiler, y ya veremos si compramos. Vente, que sólo hay una forma de firmar este contrato, y… nos llevará un rato.
Naiara
