domingo, 27 de febrero de 2011

Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda (Martin Luther King)


Parece que no terminamos de aprender de ninguno de los errores que cometemos en la vida. Parece que incluso a sabiendas desde un principio cómo acabarán las cosas nos gusta arriesgarnos, ¿por qué? Porque nos creemos diferentes, porque pensamos que las cosas pueden cambiar, porque pensamos que a nosotros no puede pasarnos, porque pensamos que nosotros ya hemos aprendido y no volveremos a pasar por nada parecido. 
Quién inventó esa estupidez de vivir es aprender, uno aprende de lo que quiere. Hay situaciones de las que no se saca ninguna lección, de las que sólo sacas una decepción, una humillación, una derrota o una piedra más en tu muro de emociones negativas. No, no se aprende de una mala experiencia, dejemos ya de buscarle el lado positivo a las cosas. Hay por situaciones por las que nadie debería pasar. Nadie debería llegar a la locura por nada ni por nadie que no lo merezca, y recalco, que no lo merezca. Nadie debería verse nunca envuelto en una situación en la que la vida de nadie dependa de él mismo, ni nadie debería preguntarse nunca si su vida tiene valor. Nadie debería ser maltratado ni física ni psíquicamente y, por supuesto nadie debería sentirse pequeño en un mundo de gigantes. Nadie debería amar sin ser correspondido, o amar siendo correspondido para al final darte cuenta de que esa persona no era para ti. Si alguien ha conseguido sacar alguna lección de alguna de esas situaciones que POR FAVOR la haga saber al resto del mundo. Al resto de las personas estúpidas (como yo) que tras haber atravesado por una etapa difícil de su vida y a penas haberla superado (o fingir haberla superado) siempre se consuela diciendo: “de esto aprendo”. ¿Aprendes? ¿Qué aprendes? Que cada día eres un poquito más gilipollas y un poquito más estúpida, que los consejos que vas dando gratuitamente a tus colegas te olvidas de emplearlos en ti, que toda esa fuerza que aparentas fielmente delante de los que te admiran no es más que una máscara barata, y que, cuando te la quitas, no eres nada más que esa tonta estúpida que nuevamente se ha equivocado. Sí, eso aprendes, a contar errores. A ver hasta cuánto más estás dispuesta a pisotearte y a arrastrarte. Y vaya, parece que cada vez, estás dispuesta a llegar más lejos, sorprendente, ¿no?. Has aprendido a ser un poco más IMBÉCIL, enhorabuena.
 Si desde bien pequeños nos enseñasen límites (hasta dónde debe llegar una persona para según qué cosa), respeto (aprende a respetar a los demás empezando a respetarte a ti mismo), toma de decisiones (cómo valorar las consecuencias de cada decisión de manera objetiva)… en definitiva, cosas útiles, en lugar de todas esas patrañas que nos enseñan, la gente no inventaría frases de perdedores como las que venimos oyendo durante toda nuestra vida; eso de crecer es aprender a despedirse, vive hacia delante y aprende hacia atrás, no hay mal que por bien no venga, bla, bla, bla… conclusión: que eres tonto del culo, pero no te preocupes, mal de muchos, consuelo de tontos. 
Y lo mejor de todo, es que llega un momento en el que te lo crees. Sí, es cierto. Te has pasado 15 años en el colegio, 5 años en la universidad, hasta puede que hayas hecho un master, y todos esos estudios, todas esas vivencias, toda esa experiencia y toda esa sabiduría acaba llegando tan lejos que te crees esas estupideces y hasta te animan. Te consuelan. Las empleas con agudeza, como el que más sabe del tema, como si de repente te hubieran dado el doctorado sobre la frase. Porque tú sabes lo que dices, y de eso aprendes. Vaya que si aprendes. Ya no eres la misma, no, no. Ahora eres mucho más fuerte, y muchísimo más desconfiada, vamos, ahora no existe persona que te la pueda colar, porque ahora te has convertido realmente en una persona realizada. ¿Puedo reírme ya? Dentro de un par de años seguramente estarás llorando por el mismo puto motivo. Pero bah, no me creas, es mejor que recuerdes lo que te digo, dentro de un tiempo descubrirás el sentido. 
Pero si realmente quieres aprender, deja de verte siempre como la buena de la película y a la que todo le sale mal en la vida, porque tú también tienes culpa de estar donde estás. Y cada mañana repítete a ti misma lo absurda e imbécil que has sido durante el tiempo en el que te has sentido así. Cada mañana. Hasta llegar a odiar esa etapa de tu vida. Entonces, quizá entonces, hayas aprendido algo de esa situación. Sin frase popular… como que no convence. No tiene ese gancho. ¿Qué puedo hacer? Inventaré una… “Pocos males vienen del aire” “Para aprender, empieza por ver”. Ese es un buen comienzo para una nueva lección. Otro día, más y mejor.


Naiara

martes, 22 de febrero de 2011

El cuaderno de Noah


"Los poetas casi siempre decriben el amor como un sentimiento que escapa a nuestro control,  que vence a la lógica y al sentido común.  En mi caso, fue exactamente así.  No esperaba enamorarme de ti y dudo mucho que tú tuvieras previsto enamorarte de mí.  Pero cuando nos conocimos, ninguno de los dos pudo evitarlo.  Nos enamoramos a pesar de nuestras diferencias y,  al hacerlo,  creamos un sentimiento singular y maravilloso.  Para mí,  fue un amor que sólo puede existir una vez,  y por eso cada minuto que pasamos juntos ha quedado grabado en mi memoria.  Nunca olvidaré un solo instante de nuestra relación"
[[ Nicholas Sparks ]]

miércoles, 16 de febrero de 2011

lunes, 14 de febrero de 2011

El sabio es sabio porque ama. El loco es loco porque piensa que puede entender el amor (Paulo Coelho)


Sólo te pido paciencia. Sólo eso. Soy complicada, difícil e incomprensible, pero dentro de todo eso hay un corazón que ha empezado a latir sin miedo gracias a ti. Quizá no exactamente sin miedo, porque he de confesarte que cada concesión que te hago inconscientemente lleva tras de sí una gran retirada de escudos, que mientras se queman me preguntan si realmente quiero hacerlo. Y sí, quiero.
Viniste a romper las grandes murallas que creé a lo largo de estos años con una gran patada, y ahora estás aquí, conmigo. Me haces sentir tan segura… tan viva, tan fuerte, que lo único que quiero ahora mismo es verte, sentirte, tocarte, tenerte, besarte. Y conocerte, saber de cada parte de tu vida en la que no estuve presente, y construir hoy recuerdos a los que poder acudir mañana, cuando quizá toda esta fuerza no sea tan fuerte como lo es ahora, que los dos sabemos que éste sentimiento tan arrasador no será perenne. Y no me importa, soy feliz ahora, en este preciso momento, precioso por cierto. Y te veo sonreír, intuyo que sientes lo mismo.
Soy más feliz compartiendo contigo. Soy más feliz ahora que estás conmigo. No quiero perderte, no voy a perderte. Si te quedas conmigo, prometo quererte. Te pido paciencia, sólo eso. Dime que la tienes, y yo te concedo el permiso de reforma.

Naiara

lunes, 7 de febrero de 2011

Las despedidas siempre duelen, aún cuando haga tiempo que se ansíen (Arthur Schnitzler)

Demasiadas veces he pensado en la vida que no me has dado... Me pregunto cuánto más durará esto. Todo comenzó como un error que ambos cometimos sin ningún motivo. Algo que, de repente, ocurrió en nuestras vidas y las hizo cambiar. Si te soy sincera, a veces pienso que no fue real... Fue un sueño que hicimos cada uno a su manera... Fue una historia que no tuvo principio y por eso no tendrá final. Puede que algún día me veas marchar impotente cuando todo esto acabe, igual que ahora la que observa desde lejos soy yo... sin decir nunca adiós. Y mientras te alejas... mis ojos olvidaron mirarte. Y mientras te tengo delante te siento lejos e inalcanzable. Así te recordaré siempre, cerca pero más lejos que nunca. Dos personas separadas buscando un objetivo común: la felicidad. Distancia y felicidad... hasta ahora separadas pero deben unirse para darnos las fuerzas de seguir andando. Y te marchas caminando cabizbajo con millones de preguntas que no... ya no obtendrán respuestas. Y a mi boca se le olvidó decirte adiós. Pero está en el aire... Queríamos hablar tanto que nos quedamos callados. Mas alejados que nunca estando al lado. Palabras que duelen, preguntas que inundan tu corazón de un dolor que no cesará pronto... pero con el que hemos aprendido a vivir. Yo asiento con la cabeza, mis ojos olvidaron dejar de llorar... Me siento como una niña perdida... con tantas cosas que mirar sin conseguir ver nada. Mis manos tiemblan... y las tuyas también. Querríamos recuperar aquel tiempo que dejamos correr... Palabras entrecortadas, dolidas, flotando en el aire... y un adiós que no dice nadie. Irónicamente el destino nos juntó en el mismo cielo que fue cómplice del surgimiento de esta locura. Irónicamente, nos diremos adiós en el mismo sitio donde tantas otras veces nos dijimos hola. Quién se atreve... quién es valiente. Un adiós que no se dice... pero se siente...


Naiara

martes, 1 de febrero de 2011

Cada día sabemos más y entendemos menos (Albert Einstein)

Recuerdo como deshice mis sábanas, y como un ser inanimado me tumbé dejando todo mi cuerpo como si de un peso muerto se tratara. Me sentía liberada, pero a la vez con los pies clavados en un cemento demasiado seco como para salir volando. Libre, y aferrada a un clavo ardiendo que sólo había provocado llagas en mi joven piel. En mi piel ya no tan joven, envejecida y oscurecida por tus sucias y baratas migajas, en mi piel cansada de abrazar a una almohada llorona que triste te añoraba abrazada a mi pecho.
Recuerdo cómo desde la cama miraba hacia el techo. Y me preguntaba por qué había llegado hasta aquí. Y cómo. Y aunque ahora tengo la respuesta, ya no merece la pena contestar. Y aunque todavía me quedan preguntas, ya no quiero preguntar. 




Naiara