Parece que no terminamos de aprender de ninguno de los errores que cometemos en la vida. Parece que incluso a sabiendas desde un principio cómo acabarán las cosas nos gusta arriesgarnos, ¿por qué? Porque nos creemos diferentes, porque pensamos que las cosas pueden cambiar, porque pensamos que a nosotros no puede pasarnos, porque pensamos que nosotros ya hemos aprendido y no volveremos a pasar por nada parecido.
Quién inventó esa estupidez de vivir es aprender, uno aprende de lo que quiere. Hay situaciones de las que no se saca ninguna lección, de las que sólo sacas una decepción, una humillación, una derrota o una piedra más en tu muro de emociones negativas. No, no se aprende de una mala experiencia, dejemos ya de buscarle el lado positivo a las cosas. Hay por situaciones por las que nadie debería pasar. Nadie debería llegar a la locura por nada ni por nadie que no lo merezca, y recalco, que no lo merezca. Nadie debería verse nunca envuelto en una situación en la que la vida de nadie dependa de él mismo, ni nadie debería preguntarse nunca si su vida tiene valor. Nadie debería ser maltratado ni física ni psíquicamente y, por supuesto nadie debería sentirse pequeño en un mundo de gigantes. Nadie debería amar sin ser correspondido, o amar siendo correspondido para al final darte cuenta de que esa persona no era para ti. Si alguien ha conseguido sacar alguna lección de alguna de esas situaciones que POR FAVOR la haga saber al resto del mundo. Al resto de las personas estúpidas (como yo) que tras haber atravesado por una etapa difícil de su vida y a penas haberla superado (o fingir haberla superado) siempre se consuela diciendo: “de esto aprendo”. ¿Aprendes? ¿Qué aprendes? Que cada día eres un poquito más gilipollas y un poquito más estúpida, que los consejos que vas dando gratuitamente a tus colegas te olvidas de emplearlos en ti, que toda esa fuerza que aparentas fielmente delante de los que te admiran no es más que una máscara barata, y que, cuando te la quitas, no eres nada más que esa tonta estúpida que nuevamente se ha equivocado. Sí, eso aprendes, a contar errores. A ver hasta cuánto más estás dispuesta a pisotearte y a arrastrarte. Y vaya, parece que cada vez, estás dispuesta a llegar más lejos, sorprendente, ¿no?. Has aprendido a ser un poco más IMBÉCIL, enhorabuena.
Si desde bien pequeños nos enseñasen límites (hasta dónde debe llegar una persona para según qué cosa), respeto (aprende a respetar a los demás empezando a respetarte a ti mismo), toma de decisiones (cómo valorar las consecuencias de cada decisión de manera objetiva)… en definitiva, cosas útiles, en lugar de todas esas patrañas que nos enseñan, la gente no inventaría frases de perdedores como las que venimos oyendo durante toda nuestra vida; eso de crecer es aprender a despedirse, vive hacia delante y aprende hacia atrás, no hay mal que por bien no venga, bla, bla, bla… conclusión: que eres tonto del culo, pero no te preocupes, mal de muchos, consuelo de tontos.
Y lo mejor de todo, es que llega un momento en el que te lo crees. Sí, es cierto. Te has pasado 15 años en el colegio, 5 años en la universidad, hasta puede que hayas hecho un master, y todos esos estudios, todas esas vivencias, toda esa experiencia y toda esa sabiduría acaba llegando tan lejos que te crees esas estupideces y hasta te animan. Te consuelan. Las empleas con agudeza, como el que más sabe del tema, como si de repente te hubieran dado el doctorado sobre la frase. Porque tú sabes lo que dices, y de eso aprendes. Vaya que si aprendes. Ya no eres la misma, no, no. Ahora eres mucho más fuerte, y muchísimo más desconfiada, vamos, ahora no existe persona que te la pueda colar, porque ahora te has convertido realmente en una persona realizada. ¿Puedo reírme ya? Dentro de un par de años seguramente estarás llorando por el mismo puto motivo. Pero bah, no me creas, es mejor que recuerdes lo que te digo, dentro de un tiempo descubrirás el sentido.
Pero si realmente quieres aprender, deja de verte siempre como la buena de la película y a la que todo le sale mal en la vida, porque tú también tienes culpa de estar donde estás. Y cada mañana repítete a ti misma lo absurda e imbécil que has sido durante el tiempo en el que te has sentido así. Cada mañana. Hasta llegar a odiar esa etapa de tu vida. Entonces, quizá entonces, hayas aprendido algo de esa situación. Sin frase popular… como que no convence. No tiene ese gancho. ¿Qué puedo hacer? Inventaré una… “Pocos males vienen del aire” “Para aprender, empieza por ver”. Ese es un buen comienzo para una nueva lección. Otro día, más y mejor.
Naiara
Naiara
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