Que te vaya bien. De verdad que deseo tu felicidad, aunque nadie entienda por qué.
Tu felicidad lejos de mi vida y lejos de todo lo que me rodea, precisamente porque es ahí donde finalmente la podrás encontrar, pero tu felicidad a fin de cuentas. Que sonrías, que te hagan reír, que encuentres en definitiva, lo que en mi no encontraste. Me gustaría decir que te lo mereces, pero es demasiado relativo como para afirmarlo sin ponerlo en duda. Todo fue siempre demasiado relativo. Digamos que la justicia no era nuestro punto fuerte. Aunque a día de hoy, lo que sí que puedo afirmar, es que el único punto fuerte era yo. Que tristemente fui la única que apostó y cayó en la quiebra absoluta de la dignidad. Pese a todo, no estoy arrepentida, más al contrario, me sirve hoy para conocer más a fondo la vida, para saber qué es lo que quiero y qué no, para saber por qué le quiero y por qué quiero seguir queriéndolo toda mi vida, para no encontrarme, como me pasaba hace unos años, quebrantántemente perdida. Es lo que tiene el juego, que unas veces se gana y otras se pierde, y hoy me planteo que también es relativa la victoria.
Deseo que te vaya bien, que seas feliz. Gracias a ti aprendí que la vida era veloz y que cada momento que pasaba, era un momento que no volveríamos a vivir. Muchos tardan toda la vida en descubrirlo, y a mi nada más me bastó con varios años de pocas migas escondidas por los portales más recónditos y de furtivos banquetes. Aprendí a valorarlos. A sobrevalorarlos añadiría. Y a la fuerza aprendí a apreciarlos y a volcar en pequeños momentos grandes emociones. Y desde entonces soy otra persona; gracias a toda la vida que me robaste, aprendí a valorar la vida que me regalan. Por eso te deseo lo mejor, porque después de ti, es mucho más fácil ser feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario