Me siento herida cada vez que piso esta ciudad. Cada paso es un cuchillo que me recuerda mi gran derrota. Me dejé ganar inconscientemente, te dejé romperme lentamente. Y nos perdimos inevitablemente. Aprendí a sobrellevarlo, a vivir empapada entre hielos y cigarrillos, a sonreír sin ganas, a tocar sin manos, a sentir placer fingiendo darlo. Aún a día de hoy me duele pensar en ti, es algo que no puedo evitar, por eso evito pensarte. Y lo consigo.
Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando alguien pronuncia tu nombre, han pasado ya largos años y sigues doliendo. Y no te quiero, ya no te quiero. Pero joder, como te echo de menos. Tus risas, tus chismes únicos, los abrazos perfectos, esos besos justo a tiempo, tu mirada, tu pelo, nuestros sueños, los planes, los secretos… Echo de menos el sentimiento que provocaban en mi. Que provocabas. Recuerdo cómo me sentía cuando te miraba. Tan llena, tan viva, tan completa. Sabía que eras tú, no me cabía la menor duda de que eras tú. Estaba equivocada, y ahora… mírame, ni siquiera quiero hablar contigo. Estoy tan dolida por todas tus acciones, todos tus actos… que ni siquiera quiero recordarte con alegría, ni siquiera quiero pensar en que ya has salido de mi vida y que no hay manera de que vayas a volver. Por qué no podías ver en mi lo que yo veía en ti. Por qué no nos hicimos felices. Siempre lo pregunto, pero nadie contesta.
Fue injusto. Totalmente injusto. Pero ya no me lamento por ello, aunque hoy me haya refugiado en un recuerdo para reencontrarte ya no quiero que formes parte de mi presente. Estás bien donde estás, el pasado es el lugar indicado para ti. Ya nos destruimos lo suficiente como para arreglarlo. Pero... siempre que giro la cabeza quiero verte. Y hay días en los que cesa la decepción que tengo hacia ti y sonrío al pensarte. Y otras como hoy, que me es necesario expresar que estuviste aquí alguna vez, sólo para demostrarme a mi misma que no todo el tiempo fue en vano. Por fin tuvimos una despedida. Irónicamente, no fue preciso emplear el lenguaje, simplemente nos dimos la espalda y empezamos a caminar. Y ahora, cuando me giro, ya no sé ni dónde estás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario