martes, 5 de abril de 2011

Aquello que fue no nos interesa porque fue, sino porque, en cierto sentido, sigue siendo (Johann Gustav Droysen)


Hoy voy a hablaros de ella, porque pocos la conocen y de esos pocos aún menos saben quién es. Se disfrazaba de guerrera ocultando su frágil cuerpo, la consideraba valiente por salir así a la calle, a luchar. Y vaya que si luchaba. Da igual cuántos hombres, dragones, fantasmas aparecieran, sacaba los puños y los vencía. Era valiente, tan valiente como me hubiera gustado ser a mí. Y jamás, nunca, se rendía. Pero eso ya no importa porque ella se ha vencido. Ha decidido después de ganar la guerra, entregarse al enemigo. Irónicamente se cree valiente ahora por ir al otro territorio, cuando sabe que es imposible vencer ahí. Se hace la valiente, pero es cobarde porque gira la cabeza y no quiere avanzar, porque si avanza su cuento se destroza y qué va a contarles a los demás… ¿Que perdió? Ha pasado tanto tiempo mentalizándose y creyéndose sus mentiras que cree que todo su camino no tiene sentido sin esa guerra. Y temerosa de que todo acabe, se aferra a ella sin tener nada con lo que sostenerla, cuando en el fondo sabe, que todo ya ha acabado, que esta historia durará tanto como ella quiera alargarla.
Ella. Creo que ni ella llegó a conocerse jamás. Princesa de cuentos ficticios, pero princesa como la que más. Se ha acostumbrado a estar tan dolida que no le importa dolerse un poco más. Se quiere poco. Y le ha querido mucho. Y se vende cual esclava aferrándose a su falso destino, a su historia de princesa, que no vive nada más que en su cabeza.
Sí, estoy hablando de ti. Ella eres tú.
Y ahora sonríe porque ya ha confirmado que estoy hablando de ella. Sabe que he escogido esta manera de hablarle porque siempre es la única que consigue llegar a su corazoncito, que ahora mismo hace pupa. Se puede tropezar dos veces, ¿pero tres? Es demasiado, ¿no crees?.
Ella, cabezota insaciable. Se cree valiente y es cobarde. Avanza y mira atrás sólo cuando sea necesario, si caminas de espaldas… simplemente caerás. Pero no dudes ni un momento, que tras la caída, iré a levantarte (y te diré: te lo dije).

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